como los créditos de una película
vemos un fondo negro
letras en pleno movimiento
que no logramos distinguir.
al final solo nos queda la música de fondo
nos olvidamos del argumento
no recordamos si fue un sueño o no
lo vivido.
pero lo que escribimos alguna vez sí fue cierto:
iluminó calles y enamoró a chicas desconocidas
sirvió para llenar copas
y copar hojas con llanuras.
hoy, las palabras nos visitan
como quien visita a un pariente enfermo,
mira el reloj a cada segundo, proxémica del adiós.